Breve análisis sobre los últimos acontecimientos y las movilizaciones sociales en Brasil y propuestas socialistas libertarias para la lucha

Un rápido contexto

Las manifestaciones que sacudieron el país contra el aumento en los billetes trajeron de nuevo la acción directa de las calles como un paradigma de lucha. También mostró los límites gubernamentales, y del neo-desarrollismo para atender a las aspiraciones de los jóvenes, sectores precarios de la clase trabajadora y otros grupos sociales explotados. Las protestas generalizadas animaron nuevamente a entidades, organizaciones políticas, movimientos sociales y trabajadores/as que lograron una victoria significativa, al bajar el precio del billete en varias ciudades. A pesar de la victoria sea parcial y sus frutos hayan sido manipulados por los gobiernos (en la mayoría de ciudades, los gobiernos municipales subvencionarán a los empresarios), las protestas callejeras, las ocupaciones de avenidas y los bloqueos de carreteras se configuraron de nuevo, como instrumentos de lucha de masas.

La creciente cooptación por la derecha

Al mismo tiempo que las manifestaciones desarrollaron fórmulas de lucha históricas y combativas de la clase trabajadora, la derecha empezó a infiltrarse en los actos. Primero con los medios de comunicación burgueses marcando la pauta de demandas genéricas defendidas por los sectores conservadores (contra la corrupción, etc.) para apropiarse de las demandas correspondientes. En segundo lugar, en un intento de “caricatura” (“vándalos”, “alborotadores”) y crear chivos expiatorios dentro de las protestas para dividir a la izquierda, ya bastante fragmentada. La derecha representa y sintetiza los intereses de una clase social dominante (burguesía industrial, agroindustria, etc.) y que un movimiento de masas, sea cual sea, va a sufrir de la injerencia política de estos sectores en la medida en que se extienden o contradicen sus intereses. Reafirmamos que el aumento de intentos de pautar la agenda conservadora en el curso de las manifestaciones debe ser explicada, principalmente, por la estructura de clases de la sociedad brasileña y el actual equilibrio de fuerzas que existe en el país.

El derecho y la antipartidarismo

En medio de los actos, sectores de la derecha y también de la extrema-derecha, estos últimos aunque minoritarios, comenzaron a infiltrarse en las manifestaciones y surfear la ola orgullosa defendida por el monopolio de los medios de comunicación (Red Globo, etc.) agrediendo a compañeros de lucha y causando confusión en nuestras filas. Sectores reaccionarios compuestos por partidos institucionales legalizados (PSDB, DEM, PP), agrupaciones nacionalistas autoritarios (Frente Integralista Brasileña, Patria Minha, MV-BRASIL) y bandas (skinheads nacionalistas, Carecas do Brasil). El ataque violento y fascista a los movimientos sociales, partidos políticos y entidades sindicales minimizaban la fuerza de la izquierda clasista en los actos, mientras que canalizaba la insatisfacción popular hacia ideologías reaccionarias. Cabe señalar que ¡rechazamos totalmente las actitudes fascistas en las manifestaciones en las calles! ¡Rechazamos el fascismo de ultras y repudiamos las agresiones a los militantes de izquierda, partidos políticos y movimientos populares! ¡Ofrecemos nuestra solidaridad a todo/a compañero/a agredido/a!

Aunque no todo manifestante que lleva una bandera de Brasil a un acto es de derechas, está claro que los reaccionarios están disputando las pautas populares y los sectores de la juventud que participan en los actos. Se trata de una disputa ideológica. No podemos, sin embargo, sobrestimar su presencia, cuyo tamaño y fuerza será decisivo en el curso de las próxima movilizaciones. Esto desviaría el foco de la acción, que debe ser o tener una política clara llevada por los movimientos sociales y entidades de clase, con demandas y reivindicaciones claramente clasistas para “cambiar las reglas del juego”.

Las responsabilidades olvidadas de la izquierda

La auto-crítica puede ser una herramienta para un diagnóstico más precisa de parte de este movimiento, ya que éste, con sus debilidades y fortalezas también ha mostrado los límites de algunas de las prácticas históricas de la izquierda que han sido cuestionadas. Límites como la prioridad de la izquierda institucional de disputar aparatos sindicales y estudiantiles en detrimento del fortalecimiento de las bases. Límites de una práctica “de aparato” e instrumental hacia los movimientos sociales (que sólo sirven en la mayoría de los casos para respaldar la voz del partido). También se ha visto que la falta de inserción social de gran parte de la izquierda entre los pobres jóvenes desempleados/as, en la favela, en la juventud pobre y precarizada(que podría ser fundamental en el proceso de profundización de las demandas populares). Ha mostrado políticas equivocadas que centran sus esfuerzos en ganar el aparato estatal, en las elecciones burguesas o en el fortalecimiento de escaños parlamentarios “combativos” por parte de algunos sectores, éstos marcados por el personalismo y el legalismo burgués, en el rito del voto. Ha mostrado los límites de la defensa de una policía “ciudadana” (incluso la ONU ha recomendado la disolución de la Policía Militar de Brasil) y del apoyo a ciertas leyendas políticas sobre un pasado reciente de huelgas de ese organismo, bien diferente al idealismo de estas posiciones, la Policia Militar mostró su “conciencia de clase” al masacrar manifestantes en las calles (y hacerlo de forma mucho más violenta y cotidiana en las favelas, diciendo de paso, con balas de “verdad”).

Aunque no sea determinante para explicar el ascenso de la derecha, que ahora se sube a la ola de las protestas populares, estas prácticas hegemónicas dentro de la izquierda durante décadas (y no del minoritario sector libertario con su defensa de la autonomía e independencia del campo popular), contribuyeron con la parte que le corresponde al “apoliticismo” y antipartidarismo que hoy emerge como un verdadero efecto colateral aprovechado por la derecha reaccionaria.

El anarquismo combativo y la lucha por el precio de los billetes: unidad contra la derecha y poder popular contra el institucionalismo

El antídoto a esta situación sólo puede ser la organización popular de base y los instrumentos de lucha en los barrios, en las periferias, en los territorios de resistencia y luchas campesinas, en los espacios estudiantiles y sindicales, que correspondan y canalicen las ansias de esa juventud que hoy sale a las calles. Tenemos que rescatar la credibilidad de un proyecto revolucionario en este escenario, y nosotros, los anarquistas, entre otros militantes, tenemos un papel fundamental, como ala libertaria del socialismo. En primer lugar, debemos tener claro que derrotar a la derecha es un trabajo que sólo se puede hacer en una alianza de clase. Pero el institucionalismo no puede utilizar el ascenso de la derecha reaccionaria para evadir sus responsabilidades. Ya que las pautas de la derecha y el capital están siendo contempladas en las políticas del PT.

Por todo esto, el trabajo debe ser de fortalecimiento de la resistencia popular. Esta se basa en las directrices concretas destinadas a mejorar las condiciones de vida de las clases populares. Al construir poder popular a partir de las bases, luchamos por estas mejoras sin enfocarnos en cuestiones electoralistas. El poder popular se construye a largo plazo y no son las elecciones que definen su ritmo. La cooptación de los movimientos sociales los hace dependientes del gobierno elegido y esta situación los lleva a defender el “mal menor”. En vez de ir para atrás y dejar las calles en este momento histórico la posibilidad de avanzar, o donde sea necesario, el rescate de la autonomía y fortalecer y ampliar la base de los movimientos sociales para dar un salto cualitativo.

Los reaccionarios deben ser derrotados y la unidad de la izquierda es fundamental en este momento, pero debe tener criterios clasistas para no convertirse en un refugio. El movimiento también se mueve hacia el conservadurismo al aceptar dentro a grupos sociales estrechamente vinculados a los intereses de la burguesía, que tiene la función de reprimir al pueblo. Del mismo modo, la acción directa y popular de las calles necesita estar respaldada por un trabajo de base en los lugares de trabajo, vecinales y el estudio. ¡Un trabajo que dé protagonismo a los movimientos populares y que integre a aquellos que hoy salen a las calles en espacios de organización de las clases explotadas y oprimidas!

En este sentido, nosotros de la FARJ hace casi diez años y, en mayor medida, la Coordinadora Anarquista Brasileña (compuesta por 9 organizaciones de varios estados de Brasil), con modestia seguimos construyendo una alternativa de luchar junto a otros/as compañeros/as, movimientos populares en el campo y en la ciudad. Saliendo a las calles y organizando el trabajo de base siempre con la certeza del desafío que tenemos en frente. ¡Trabajar para derrotar a la derecha en los barrios, en el campo, en los sindicatos y en las calles! Imprimir al institucionalismo las demandas populares reprimidas por los límites de la democracia burguesa!

  • ¡Por la tarifa cero en el transporte! Transporte 100% público sin subsidios a los empresarios del transporte!
  • ¡Contra el traslado de las comunidades y las ocupaciones!
  • ¡Por la disolución de la Policía Militar!
  • ¡Por una reforma agraria para el control de la tierra por quien la trabaja!

¡Vencer con la fuerza popular clasista!
¡Construir el poder popular!
¡Anarquismo combativo y el poder popular construyendo un camino!
 

Federação Anarquista do Rio de Janeiro (FARJ)

Traducción al castellano: Omar Neto

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