Reflexiones sobre el compromiso, la responsabilidad y la autodisciplina

“Un sujeto que tiene una Ética Libertaria
sabe por que está luchando y consigue explicar los motivos
ideológicos de la lucha, tiene compromisos y autodisciplina
para llevar a cabo las tareas asumidas”

Ideal Peres

Una de las características más importantes de la organización FARJ es el compromiso militante de sus miembros. Creemos que para que nuestra lucha tenga frutos prometedores, es fundamental que cada un@ de l@s militantes de la organización tenga un alto grado de compromiso, responsabilidad y autodisciplina.

Cuando nuestro querido Ideal Peres profirió las palabras de arriba, él expreso, en una sola frase, una serie de opiniones de suma importancia para nuestra organización. Él enfatizaba, antes de nada, la importancia de la conciencia del militante en relación a los motivos de la lucha. Eso significa que el militante anarquista no debe simplemente obedecer aquello que determina una dirección desligada de la base o servir de “mano de obra” para una élite con intereses personales por el dominio de personas y/o por otros intereses anti-éticos, desde nuestro punto de vista. El militante anarquista es un sujeto que participa activamente de todas las discusiones que se dan en el ámbito de la Federación. De él, se espera que se involucre en las discusiones que suceden, posicionandose, discutiendo las mejores salidas para las cuestiones presentadas e participando en los rumbos tácticos y estratégicos adoptados por la organización.

Es por eso que todos los militantes deben tener claro de por qué se lucha, contra el qué se lucha y en favor de qué se lucha. Para eso, es fundamental el compromiso de cada un@ con su autoformación, independientemente de las tareas de formación política que estén siendo realizadas por la organización. Es obligación del militante buscar informarse y, constantemente, formarse políticamente, para poder tener plena conciencia de los objetivos de la organización, de las discusiones que suceden y de las actividades que se están desarrollando. Así, el militante consigue comprender los rumbos de la organización (en términos prácticos y teóricos), estando preparado para conversar, discutir y debatir con l@s otr@s, o incluso ponerse frente a una asamblea o hablar en publico en cualquier circunstancia, evitando que recaiga en manos de un@s pocos, el ejercício de tales tareas. También se espera que la organización dé soporte a l@s militantes, auxiliando a aquell@s que tuvieran alguna dificultad.

El/la militante anarquista no es alienado. Él/ella no sigue ordenes que vienen de arriba y no es “base” para intereses de vanguardias (o élites), como sucede en los partidos políticos y en otras organizaciones jerárquicas.

La opinión del militante anarquista en el seno de la organización no es apenas consultiva, y sí deliberativa. Es decir, son l@s militantes de la organización que deciden su rumbo, y no hay vanguardias (élites), cuya opinión vale más que la de l@s otros. Para nosotr@s, en una discusión, la opinión de tod@s l@s miembros plenos de la organización tiene el mismo peso.

Cuando Ideal Peres hablaba de compromiso y autodisciplina, él decía fundamentalmente un compromiso individual con las decisiones colectivas. ¿Pero cómo funciona eso?

Es muy común en las organizaciones que se dicen horizontales y apartidarias, una falta de compromiso enorme de l@s militantes en relación a las cuestiones de compromiso y autodisciplina. Un ejemplo de eso es la gran cantidad de personas que frecuentan reuniones (de grupos que son relativamente abiertos), dando opiniones sobre asuntos que desconocen o asumiendo responsabilidades, sabiendo que no podrán cumplirlas. Es muy común que esas personas no aparezcan más en las próximas reuniones y ni cumplan con aquello que prometieron, alegando que no pudieron, por un motivo o por otro, o si quiera dando satisfacción al colectivo. Lo peor de todo es que muchas de esas personas, al ser cuestionadas, se sienten en cima víctimas de algún tipo de autoritarismo.

Hay un ejemplo muy ilustrativo en relación a la situación que señalamos arriba: en una “radio libre” del sur del país (preferimos no decir el nombre) que decía funcionar bajo autogestión, las personas que querian hacer sus programas iban a las reuniones de la radio y marcaban sus programas en la parrilla, de común acuerdo. Después de esto, muchas de las personas que habían marcado sus programas simplemente no aparecían, dejando la radio sin funcionar y impidiendo la oportunidad de que otras personas pudiesen utilizar aquel horario. Al ser cuestionad@s por l@s otr@s miembr@s del colectivo de la radio, l@s faltantes decían que aquello era autoritarismo, pues ell@s estaban ejerciendo su derecho, su “libertad”, al no aparecer para hacer el programa, aunque se hubiesen comprometido a ello desde el principio.

Este es un ejemplo aislado, pero desgraciadamente, situaciones como esas son muy recurrentes en el llamado “medio libertario”. Para nosotr@s, lo que sucede es que hay una inversión de valores al juzgar que determinado tipo de comportamiento es el/la autoritari@ – es decir, aquel/aquella que se ha comprometido en algo con el colectivo y no cumple – se cree víctima de autoritarismo.

El “compromiso y la autodisciplina para llevar a cabo las tareas asumidas” resaltados por Ideal Peres huyen radicalmente del modelo presentado arriba. En este tipo de actitud de compromiso y autodisciplina, coincidimos con Ideal que, dentro de la organización, debe haber un gran espacio para todas las discusiones y todos los puntos de vista deben ser analizados con todo el cuidado y, como dijimos antes, tener el mismo “peso” en las tomas de decisión de la organización. En esas reuniones, son deliberadas todas las actividades que la organización hará, lo que quiere decir que sus miembros las llevarán a cabo. Al final, la organización no hace nada por si sola. Ella no tiene cerebro, brazos y piernas para poder ejecutar las actividades que se discuten en su seno. Es por eso que todas las actividades que se deliberan y que fueron responsabilidad de la organización tendrán, de una manera o de otra, ser ejecutadas por sus miembros. Era sobre eso que Bakunin se posicionaba, ya en el siglo 19, discutiendo la cuestión de la disciplina:

Por enemigo que sea de lo que llaman, en Francia, disciplina, reconozco, con todo, que cierta disciplina, no automática, y si voluntaria y reflejada, está perfectamente de acuerdo con la libertad de los individuos, fue y será necesaria, siempre que muchos individuos, libremente unidos, emprendan un trabajo o una acción colectiva cualquiera. Esta disciplina no es más que la concordancia voluntaria y reflejo de todos los esfuerzos individuales para un fin común. En el momento de la acción, en medio de la lucha, los papeles se dividen de forma natural, de acuerdo con las aptitudes de cada uno, apreciadas y juzgadas por toda la colectividad: unos dirigen y ordenan, otros ejecutan ordenes. Pero ninguna función se petrifica, ni se fija y no permanece irrevocablemente ligada a una persona. Los niveles y la promoción jerárquica no existen, de modo que el comandante de ayer puede ser el subalterno de hoy. Nadie se eleva por encima de los demás, o si se eleva, es solamente para caer al instante siguiente, como las olas del mar, volviendo siempre al nivel saludable de la igualdad. En este sistema, de hecho, ya no hay poder. El poder se funde en la colectividad, y resulta la expresión sincera de la libertad de cada uno, en la realización fiel y seria de la voluntad de todos […]”
[Mikhail Bakunin. Imperio Knuto-Germánico. Extraído de Frank Mintz. Bakunin: crítica y acción. Buenos Aires: Colección Utopía Libertaria pp. 74-75.]

Cabe aquí abrir un paréntesis para decir que, de la misma manera que no existe un “espíritu de organización” que resuelve problemas y que desarrolla las tareas. Es fundamental, en el momento en que las decisiones fueron tomadas, que se dividan las responsabilidades, quedando los miembros formalmente responsables por su ejecución. Esto es importante, pues otro problema común en las organizaciones horizontales está en la deliberación de que se debe hacer esto o aquello y después todos se van para casa, sin resolver quien se hace responsable por cual o tal actividad. En este modelo, pasa una de las dos opciones: o nadie realiza esas actividades, o las actividades caen en las espaldas de los miembros más activos de la organización. Por eso, creemos la necesidad de dividir las actividades entre los militantes, buscando siempre un modelo que distribuya bien esas actividades y que huya de la concentración de tareas sobre los miembros más activos o capaces.

A partir del momento en que un militante asume una o más tareas para con la organización, tiene la obligación de realizarla y una gran responsabilidad ante al grupo en relación a esa(s) tarea(s). Es la relación de compromiso que el militante asume con la organización. Como las discusiones en el seno de la organización son ampliamente democráticas y nadie asume las tareas porque está obligado, cada compromiso es un compromiso asumido por iniciativa del propio militante, siendo de su completa responsabilidad. Si sucede un imprevisto y el militante cree que no podrá realizar aquello con lo que se comprometió, es su responsabilidad informar a la organización con tiempo y transferir su responsabilidad a otro miembro.

No creemos que el cobro, por parte de la organización, de las responsabilidades asumidas por el militante sea algo autoritario. Debe existir y, si se da esa irresponsabilidad o falta de compromiso constante, debe haber una conversación franca de los otros militantes con él, a fin de resolver la cuestión y no perjudicar los trabajos de la organización.

La autodisciplina es el motor de la organización autogestionaria. Como en una organización de ese tipo – que es nuestro caso en la FARJ – no hay jefes que “cobran” los funcionarios o la base para la ejecución de las tareas, el que asume una responsabilidad debe tener la disciplina suficiente para ejecutarla. De la misma manera, cuando la organización determina una linea a seguir o algo a realizarse, es la disciplina individual que hará que aquello que se delibero colectivamente se realice. No debe haber necesidad de compensación, pues se espera que cada uno en el grupo informe por la realización de las tareas determinadas en la organización, pero el individuo debe satisfación a la organización, debiendo informarla del desarrollo de las actividades bajo su responsabilidad y cuando no se realizan, explicar al colectivo el motivo, pudiendo ser impelido por ello. Cuando hay problemas en el desarrollo de las actividades de un miembro u otro, la organización puede “cobrar” a los responsables por el desarrollo de las actividades, también con el objetivo de no perjudicar los trabajos y la lucha. Obviamente que la forma de ese cobro debe estar dentro de los criterios de respeto mutuo y de ética anarquista.

Errico Malatesta, al discutir la cuestión de la disciplina, en 1920, la trato de la siguiente forma:

Disciplina: ete aquí la gran palabra de la cual se sirven para paralizar la voluntad de los trabajadores conscientes. Nosotros también pedimos disciplina, porque, sin entendimiento, sin coordinación de los esfuerzos de cada uno hacia una acción común y simultanea, la victoria no es materialmente posible. Pero la disciplina no debe ser una disciplina servil, una devoción ciega a los jefes, una obediencia a aquel que siempre habla para no tener que moverse. La disciplina revolucionaria es la coherencia con las ideas aceptadas, la fidelidad a los compromisos asumidos, es sentirse obligado a compartir el trabajo y los riesgos con los compañeros de lucha.
[Errico Malatesta. Anarquistas, Socialistas y Comunistas. São Paulo: Cortes p. 24.] (comillas nuestras)

Es relevante observar los comentarios de Malatesta, de acuerdo con que esa disciplina y ese cobro no debe seguir el modelo autoritario, tanto de opresión de los miembros del grupo como por la forma de esos cobros, que, conforme mencionamos, también debe considerar el respeto y la ética entre los miembros del grupo. Es una gran preocupación diferenciar la autodisciplina que aquí proclamamos de la disciplina militar, explotadora y opresora en su esencia y que, desde nuestro punto de vista, no sigue rumbos diferentes de los de otros autoritarismos que bien conocemos.

Sobre la cuestión de la disciplina en el medio libertario, vale la pena observar con atención el debate que se dio en torno a la Plataforma Organizativa de los Comunistas Libertarios, publicada por el grupo Dielo Trouda, en su exilio en Francia. Tras su publicación en 1926, surgieron diversas respuestas y un debate riquísimo, primeramente sobre los aspectos organizativos del anarquismo, y también otras importantes cuestiones, entre ellas la cuestión de la disciplina, sobre la cual nos detendremos en este momento.

Son importantes las fuentes para este debate, tanto la propia Plataforma, como las respuestas y discusiones que se dieron posteriormente como la Síntesis y la “Respuesta” de 1927 a la Plataforma escritas por Volin y otros miembros de la NABAT (Confederación Anarquista de Ucrania), la crítica más detallada a la Plataforma fue la de G. P. Maximov llamada de Constructive Anarchism [Anarquismo Constructivo], el debate entre Nestor Makhno y Errico Malatesta – un riquísimo intercambio de cartas que van desde 1927 a 1929 –, la respuesta de Piotr Arshinov a Malatesta, conocida como Lo Viejo y lo Nuevo en el Anarquismo, además de varios artículos de este periodo. Podemos citar importantes textos como La Response aux Confusionistes de l’Anarchisme [La Respuesta a los Confusionistas del Anarquismo] de Piotr Arshinov, la serie de artículos publicados en Solidaridad Obrera por Alexandre Schapiro en 1932, otros artículos de Volin, así como de pensadores como Sebastien Faure, Luigi Fabbri y Camilo Berneri. Hay artículos centrales de Makhno (Sobre la Defensa de la Revolución y Sobre la Disciplina Revolucionaria) y de Malatesta (A Propósito de la Responsabilidad Colectiva), que también traen argumentos relevantes a la discusión de la Plataforma.

Para el tema que aquí estamos discutiendo, creemos que la fuente más rica sea el debate entre Nestor Makhno y Errico Malatesta. No es el caso aquí tomar la defensa de uno u otro lado, pero si de observar las posiciones pertinentes tanto de un lado como de otro, ya que tenemos un gran aprecio por los dos militantes en cuestión y creemos que hay argumentos correctos en ambos lados.

Estaremos de acuerdo con lo que presentan los exiliados rusos en la Plataforma cuando afirman que “la situación miserable en la cual el movimiento libertario vegeta, tiene su explicación en un número de causas, de las cuales la más importante, la principal es la falta de principios y prácticas organizativas en el movimiento anarquista“. Los rusos enfatizaban que hay “una falsa interpretación del principio de individualidad en el anarquismo: siendo esta teoría frecuentemente confundida con la total falta de responsabilidad“. Sabemos que uno de los grandes problemas del universo libertario es que el principio de la libertad y del antiautoritarismo es entendido muchas veces como falta de compromiso, la tal “falta de responsabilidad” apuntada por los compañeros rusos. Debemos recordar también que, conforme mencionan, “los elementos individualistas y caóticos entienden con el título ‘principios anarquistas’ indiferencia política, negligencia y total falta de responsabilidad“.

Sabemos que la crítica del principio individualista en el anarquismo tiene sentido y e por eso que concordamos también que “el principio federalista ha sido deformado en los puestos anarquistas: éste ha sido interpretado como el derecho, por encima de todo, de manifestar el ‘ego’ de alguién, sin la obligación de acarrear con los deberes para con la organización“. Juzgamos correctos a los rusos cuando reivindican que “todos los participantes del acuerdo y la Unión cumplan completamente los deberes asumidos, y conforme a las decisiones compartidas” y que “el tipo federalista de organización anarquista, al mismo tiempo en que reconoce los derechos de independencia, opinión libre, libertad individual e iniciativa de cada miembro, requiere de ellos que asuman deberes organizacionales fijos, y exige la ejecución de decisiones compartidas“.

Debemos llamar la atención también sobre las disertaciones de Malatesta en su respuesta, titulada Un Proyecto de Organización Anarquista, en que resalta:

Al revés de estimular en los anarquistas un mayor deseo por la organización, [la Plataforma] parece deliberadamente reforzar el prejuicio de muchos compañeros que creen que organizarse significa someterse a jefes, adherir a un organismo autoritario y centralizador, que sofoca toda libre iniciativa“.

Cabe entonces una reflexión sobre eses asuntos que no están tan claramente expuestos en la Plataforma. Malatesta exageró, pero vale observar sus comentários y tener en cuenta para que la necesidad de responsabilidad que defendemos, no signifique la jerarquía y autoritarismo. Los comentários de Malatesta implican exactamente los medios en que utilizamos para llegar a nuestros objetivos; por eso, él resalta todavía que “es inconcebible que los mismos que profesan ideas anarquistas y quieren realizar la anarquía, o como mínimo anticipar su realización – hoy, en lugar de mañana – renieguen de los princípios básicos del anarquismo en la organización con la cual se proponen luchar por su victoria“. Aún sobre el tema, enfatiza que su proyecto de organización anarquista debe contar con “total autonomia, total independencia , por tanto, total responsabilidad de individuos y grupos; libre acuerdo entre los que creen útil unirse para cooperar en la obra común; deber moral de mantener los compromisos asumidos y de nada hacer en contradición con el programa aceptado“. Para finalizar, y volviendo a la discusión de los medios, él afirma que “para vivir y vencer, no necesitamos abandonar las raciones de nuestra vida y deformar el carácter de la victoria eventual. Nosotros queremos luchar y vencer, pero como anarquistas y para la anarquía” (las comillas son nuestras). Aquí también cabe coincidir con Malatesta, pués si deseamos conseguir nuestros objetivos con la máxima urgéncia, no tendremos que dejar de lado los principios que acaban implicados en el como haremos eso.

En su “Respuesta”, Makhno afirma, con razón: “Tú mismo, querido Malatesta, admites la responsabilidad individual del revolucionario anarquista. Es más, tu la apoyaste durante toda tu vida como militante“. Algo que se comprueba si observamos la cita sobre disciplina de Malatesta de más arriba, que data de 1920 y sustenta los mismos argumentos de Makhno. Con mucha razón, y deacuerdo con las afirmaciones de Malatesta, Makhno dice que “ninguno de nosotros tiene derecho de escatimar tal responsabilidad. Al contrario, si fue hasta ahora ignorada, en las filas anarquistas, es necesario volverla ya, para nosotros, anarquistas comunistas, un artículo de nuestro programa teórico y práctico“; además de eso, “apenas el espíritu colectivo y la responsabilidad colectiva de sus militantes permitirán al anarquismo moderno eliminar de sus círculos la idea, históricamente falsa, de que el anarquismo no puede ser una guía – sea ilógicamente, sea en la práctica – para la masa trabajadora en un periodo revolucionario, y, por tanto no podría exigir la responsabilidad total“.

Malatesta respondió nuevamente, ya aproximando cierto acuerdo con Makhno, cuando escribió: “ciertamente, acepto y apoyo la visión de que cualquiera que se asocia y coopera con otros por una causa común debe coordinar sus acciones con las de sus compañeros y no hacer nada que perjudique la acción de los otros y, por tanto, la causa común; respetar los acuerdos hechos – excepto cuando pretenden dejar la asociación por diferencias de opinión, cambio de circunstancias o conflicto sobre métodos escogidos vuelvan la cooperación imposible o impropia. Así, yo sustento que aquellos que no sienten ni practican tales deberes han de ser expulsados de la asociación. Tal vez, hablando de responsabilidad colectiva, te refieras precisamente al acuerdo y a la solidaridad que deben existir entre los miembros de una asociación. Si es así, tu expresión significa, en mi opinión, un uso incorrecto del lenguaje, pero eso sería apenas una cuestión irrelevante de fraseología y luego alcanzaríamos el acuerdo“.

Creemos también importante citar pedazos de un artículo de 1926 de Makhno, llamado Sobre la Disciplina Revolucionaria, cuando él afirma: “entiendo la disciplina revolucionaria como una autodisciplina del individuo, establecida en un colectivo que actúa, de modo igual para todos, y rigurosamente elaborada. Debe ser la linea de conducta responsable de los miembros de ese colectivo, induciendo a un acuerdo estricto entre su práctica y su teoría.”. Makhno cierra el artículo, con una frase muy importante: “la responsabilidad y la disciplina organizacionales no deben horrorizar: ellas son compañeras de viaje de la práctica del anarquismo social.”

Malatesta, un año después el debate con Makhno, publica un artículo llamado A Propósito de la Responsabilidad Colectiva en que afirma: “la responsabilidad moral (pues en nuestro caso no puede sino tratarse de responsabilidad moral) es individual por su propia naturaleza“. Afirma, en seguida, que “Si entre hombres que se pusieron deacuerdo para hacer alguna cosa, alguno de estes, faltando a su compromiso, hace fracasar la iniciativa, todos dirán que es él el culpable y, por tanto, el responsable, y no aquellos que hicieron hasta el final todo lo que debían hacer.”

Pensamos que todos los retazos citados traen enseñanzas a los libertarios sobre las cuestiones discutidas. El objetivo de nuestra organización es exactamente estar concebida para exaltar los elementos de compromiso, responsabilidad y autodisciplina, sin que eso levante posturas autoritarias, que huyan de los limites aceptables por la ética, como ya hablamos. La ética la definimos como uno de los ejes centrales de nuestra organización.

Esos elementos, hoy y siempre, son fundamentales para la realización de las actividades de cualquier organización que se diga seria y que tenga objetivos de transformación social.

Tratemos la cuestión con ejemplos prácticos de nuestra organización. La FARJ, como bien se sabe, trabaja en dos frentes fundamentales: el frente comunitario y el frente de ocupaciones. Tanto en una como en otra, compromiso, responsabilidad y autodisciplina son imprescindibles.

Por ejemplo, para las actividades del frente comunitario. La gestión del Centro de Cultura Social do Rio de Janeiro (CCS-RJ) implica que existan unos acuerdos para que haya personas de la organización en el CCS en los días acordados, con el objetivo de realizar las actividades programadas y que el espacio no se quede “muerto”. Esa gestión trata de desarrollar actividades que apunten hacia rumbos marcados por la organización, cuidar para que las cuentas de agua, luz, etc. se paguen en el día (hacemos otro paréntesis aquí para parafrasear a un compañero de nuestra organización que nos recordaba, diciendo que no adelanta llegar a fin de mes para pagar la cuenta del supermercado y decir en la caja “pero yo soy anarquista, estoy contra el capitalismo”; eso no resuelve los problemas de quien todavía vive dentro del capitalismo). En fin, existe toda una exigéncia de tareas que la organización se dispone a hacer y que, si no las hace, está perjudicando el camino rumbo aquello que se pretende conseguir con la programación de estas tareas. De la misma manera funciona el compromiso de un militante con el frente: si el frente delegó a uno de los militantes la tarea de abrir el CCS, por ejemplo, se espera de este militante que vaya hasta el local en la fecha y horario previstos y que realice su tarea. Lo mismo vale para todos los otros proyectos que se llevan a cabo por el frente comunitario: para que la Biblioteca Fábio Luz abra en los días y horarios previstos, para que los libros sean registrados, para que se produzca teoría en el Núcleo de Pesquisa Marques da Costa, etc.

En el frente de ocupaciones, las cosas funcionan de la misma forma. Hay una gran necesidad de que los militantes frecuenten las asambleas de las ocupaciones y que para eso, estén informados de los horarios, de los días y de los temas a ser tratados en esas asambleas. Después de eso, es importante que los militantes participen de las asambleas de la forma como se ha acordado con el frente, respetando los debidos acuerdos y los objetivos que se pretenden conseguir. Los militantes deben trabajar también, para que las ocupaciones se articulen con las otras, en el foro que hoy llamamos Frente Internacionalista de los Sin Tech (FIST). El compromiso en este caso de las ocupaciones es todavía más crítico que en el frente comunitario, visto que en el frente comunitario, muchas veces, se actúa entre compañeros que tienen valores éticos semejantes a los nuestros, lo que hace que el grado de organización y compromiso puedan ser un poco más flexibles. En el ambiente de las ocupaciones urbanas, como en otros movimientos sociales, se dan muchas disputas y que, algunas veces, tenemos que lidiar con enemigos como crimen organizado, iglesia, partidos políticos, organizaciones oportunistas de izquierda, entre otros. En este contexto, debemos resaltar la importancia de la organización, del compromiso y de la disciplina, pues hay una fuerte disputa por el espacio político (poder), lo que significa que si los anarquistas abren espacio, o tienen problemas de compromiso, etc., generan espacio para que las otras organizaciones que están en el movimiento social ganen hegemonía. No hay vacío de espacio político (o poder), por eso, una falta de compromiso y responsabilidad en la realización de las actividades significa que estamos generando espacio para que los otros lo tomen. Si queremos que los libertarios tengan una posición preponderante y que puedan influir en el movimiento social más que las otras fuerzas en cuestión, es fundamental saber que debemos trabajar con el máximo de responsabilidad.

Concluimos resaltando que nuestro trabajo no puede ser algo que se de puntualmente y que podemos hacer a veces, cuando nos apetece. El compromiso que establecemos, como organización, exige que tengamos responsabilidad y constancia de nuestras acciones. Eso muchas veces es duro, pues las batallas son, muchas veces, perdidas. Es la voluntad y el compromiso militante que harán que caminemos día tras día, para el desarrollo de las actividades de la organización y para que podamos superar los obstáculos y preparar terreno para nuestros objetivos a largo plazo. Es de esta manera que entendemos poder caminar rumbo a la libertad.

Traducción: Neto do Caldereiro (GZ)

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